El criminal John Kerry confiesa públicamente

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El Secretario de Estado John Kerry, miembro de la sociedad secreta Skull & Bones, confiesa públicamente sus crímenes en la Guerra Civil Siria armando a Daesh.

El New York Times había publicado, el 30 de septiembre de 2016, varios fragmentos de la grabación de audio de una conversación entre el secretario de Estado John Kerry y miembros de la «oposición», en un encuentro que sostuvieron el 22 de septiembre de 2016, al margen de la Asamblea General de la ONU. En esa grabación, el jefe de la diplomacia estadounidense deplora que el Congreso de Estados Unidos se niegue a enviar hombres para que derroquen la República Árabe Siria y aconseja a los opositores que se busquen otra potencia militar que los ponga en el poder.

Los fragmentos seleccionados por el New York Times hacían pensar que el Departamento de Estado no podía seguir apoyando a la Coalición Nacional de la Oposición (oposición siria en el exterior) y le pedía que buscara otros padrinos.

Pero la grabación completa, que dura 36 minutos, ha sido publicada, el 1º de enero de 2017 por The Last Refuge [2].

Esta versión íntegra modifica el sentido de la conversación y demuestra que, con su selección de los fragmentos publicados, el New York Times no buscaba acusar a la administración Obama sino protegerla.

En la grabación completa se oye al secretario de Estado John Kerry
– confirmar que el objetivo estratégico de la guerra que la administración Obama inició en 2011 contra la República Árabe Siria es el derrocamiento del régimen;
– confirmar que la administración Obama esperaba que el Emirato Islámico (Daesh) terminara el trabajo iniciado por Washington derrocando la República Árabe Siria;
– confirmar que la administración Obama entregó armamento a Daesh para que derrocara la República Árabe Siria.

Esta grabación pone fin al mito de la supuesta “revolución” siria y también al cuento de la lucha de Occidente contra Daesh. Permite además de comprender mejor las tensiones en el seno de la administración Obama y la dimisión del general Michael Flynn, el entonces director de la agencia de inteligencia del Pentágono y ahora designado por el presidente electo Donald Trump como consejero presidencial para la Seguridad Nacional.

A la luz del derecho internacional, el respaldo a Daesh viola varias resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU y constituye un crimen contra la Humanidad.

por Thierry Meyssan- La difusión en The Last Refuge de la grabación completa del encuentro que el secretario de Estado John Kerry sostuvo con miembros de la Coalición Nacional (oposición siria en el exterior) el 22 de septiembre de 2016, en los locales de la delegación de los Países Bajos ante la ONU [1], pone en tela de juicio todo lo que todos creían haber entendido sobre la posición de Estados Unidos hacia Siria.

Primeramente, creímos que si bien Washington había iniciado la operación conocida como «Primavera Árabe» para derrocar los regímenes laicos en beneficio de la Hermandad Musulmana, luego había dejado a sus aliados emprender solos la Segunda Guerra contra Siria, a partir de julio de 2012. Y que estos aliados perseguían sus propios objetivos –la recolonización, en el caso de Francia y Reino Unido; la conquista del gas, para Qatar; expansión del wahabismo y venganza posterior a la guerra civil libanesa, para Arabia Saudita; anexión del norte de Siria, para Turquía, según el modelo chipriota; etc.– porque se había renunciado al objetivo inicial. Pero John Kerry dice en esa grabación que Washington nunca dejó de tratar de derrocar la República Árabe Siria, lo cual implica que controló en cada etapa lo que hacían sus aliados. De hecho, durante los 4 últimos años, los yihadistas han sido dirigidos, armados y coordinados por el Allied LandCom, el mando de las fuerzas terrestres de la OTAN, con sede en la ciudad turca de Esmirna (Izmir).

En segundo lugar, John Kerry reconoce que Washington no podía ir más lejos por causa de 2 factores: el Derecho Internacional y la posición de Rusia. Entendámonos bien: Estados Unidos no dejó nunca de ir demasiado lejos. Destruyó la mayor parte la infraestructura siria vinculada a la industria del petróleo y el gas, usando como pretexto la lucha contra los yihadistas (lo cual corresponde al Derecho Internacional), pero lo hizo y sin invitación ni autorización del presidente Assad (lo cual viola el Derecho Internacional). Sin embargo, Estados Unidos no se atrevió a desplegar sus tropas en suelo sirio ni a combatir abiertamente, como lo hizo en Corea, en Vietnam y en Irak. Para eso, optó por poner a sus aliados en primera línea –aplicando el leadership from behind, o sea el «liderazgo desde atrás»– y apoyar, sin mucha discreción, grupos de mercenarios, como hizo en Nicaragua en los años 1980, aún exponiéndose a ser condenado por la Corte Internacional de Justicia –el tribunal interno de la ONU. Washington no quiere embarcarse en una guerra contra Rusia. Y esta última, que no se opuso a la destrucción de Yugoslavia y Libia, esta vez se levantó y rechazó la línea que supuestamente debía limitar su acción. Moscú está en condiciones de defender el Derecho con la fuerza si Washington se lanza abiertamente en una nueva guerra de conquista.

Tercero, John Kerry atestigua en esa grabación que Washington esperaba una victoria de Daesh (el Emirato Islámico) sobre la República Árabe Siria. Hasta ahora –basándonos en el informe del general Michael Flynn (fechado el 12 de agosto de 2012) y en el artículo de Robin Wright publicado en el New York Times el 28 de septiembre de 2013– habíamos entendido que el Pentágono aspiraba a crear un «Sunnistán» en territorios de Siria e Irak para cortar la ruta comercial terrestre de China hacia Occidente («Ruta de la Seda»). Pero Kerry confiesa que el plan iba mucho más lejos. Probablemente, Washington contaba con que Daesh tomara Damasco, de donde después debía expulsarlo Tel Aviv, con lo cual los yihadistas se replegarían hacia el «Sunnistán», cuyo control se les atribuiría. Siria habría quedado entonces dividida, con el sur bajo la ocupación de Israel, el este bajo control de Daesh y el norte para Turquía.

Esto permite entender por qué Washington proyectaba la imagen de que ya no controlaba nada, como si estuviese limitándose a permitir que sus aliados actuaran a su antojo: lo que hizo fue enrolar a Francia y Reino Unido en la guerra haciéndoles creer que podrían recolonizar el Levante, cuando en realidad tenía previsto dividir Siria sin ellos.

Cuarto, al reconocer que «apoyó» a Daesh, John Kerry admite que lo armó, con lo cual hace polvo la retórica de la «guerra contra el terrorismo».
– Sabíamos, desde el atentado del 22 de febrero de 2006 contra la mezquita al-Askari, en Samarra, Irak, que Daesh –inicialmente denominado «Emirato Islámico en Irak»– había sido creado por el director nacional de la inteligencia estadounidense, John Negroponte, y por el coronel James Steele –siguiendo el esquema de lo que ya habían hecho a principios de los años 1980 en Honduras– para acabar con la resistencia iraquí y desatar una guerra civil.
– Sabíamos, desde que el diario del PKK Ozgur Gundem publicó el acta de la reunión de planificación realizada en Amman el 1º de junio de 2014, que Estados Unidos organizó la ofensiva conjunta de Daesh contra la ciudad iraquí de Mosul y del gobierno regional del Kurdistán iraquí contra Kirkuk.
– Ahora sabemos con certeza que Washington nunca cesó su apoyo a Daesh.

Quinto, el conflicto entre el clan Allen/Clinton/Feltman/Petraeus y la administración Obama/Kerry lo habíamos interpretado como un desacuerdo sobre si había o no que apoyar a Daesh. Nada de eso. Ninguno de esos dos grupos tiene el menor escrúpulo en organizar y apoyar a los yihadistas más fanáticos. El desacuerdo reside única y exclusivamente en cuanto a recurrir a la guerra abierta –y el conflicto con Rusia que ello podría provocar– u optar por la acción secreta. El general Michael Flynn –actual consejero de seguridad nacional de Donald Trump– es el único que se opuso al yihadismo.

Si, dentro de algunos años, Estados Unidos se derrumbara, como sucedió con la URSS, esta grabación de John Kerry, podría servir de prueba acusatoria contra él y contra Barack Obama ante una jurisdicción internacional –pero no ante la Corte Penal Internacional, ya demasiado desacreditada.

Como ya reconoció la autenticidad de los fragmentos anteriormente publicados por el New York Times, Kerry no podría impugnar la autenticidad de la grabación íntegra. El apoyo a Daesh que Kerry expresa en esa grabación viola varias resoluciones de la ONU y prueba su responsabilidad personal, y la del aún presidente de Estados Unidos Barack Obama, en los crímenes contra la humanidad perpetrados por esa organización terrorista.

Fuente: Red Voltaire

John Kerry, el crimial de guerra en Vietnam

por Pablo Molina- Después de sus aplastantes victorias en el inicio de las primarias demócratas, el Senador John Kerry es el candidato mejor colocado para enfrentarse a Bush en las elecciones presidenciales del próximo mes de noviembre.

Kerry fue un héroe de la guerra de Vietnam, aspecto que el interesado está explotando hasta la extenuación en su campaña, quizá para cubrir con una capa de patriotismo primario su escasa firmeza en cuestiones relacionadas con la lucha internacional contra el terrorismo. En Vietnam se hizo acreedor de las más altas distinciones militares, lo que demuestra su coraje bélico, pero nada de eso es comparable a los ejemplos de extraordinario arrojo que jalonan su biografía civil, como el episodio del rescate de Licorice. La familia Kerry se encontraba de vacaciones y se subió a una pequeña embarcación para dar un paseo. El perro de los Kerry, en un descuido, arrojó por la borda a uno de los ocupantes del bote. Rápidamente el Senador se puso manos a la obra, rescató al náufrago e inició las maniobras de resucitación cardiopulmonar hasta que por fin consiguió traer de nuevo a la vida a Licorice, el hamster de su hija Vanessa. Vanessa y su madre relataron emocionadas el suceso, aunque hay ciertas discrepancias en el relato, pues mientras la hija afirma que su padre practicó el boca a boca al moribundo Licorice, la Sra. Kerry afirma que tan sólo le practicó un enérgico, suponemos que no mucho, masaje cardíaco.

Así pues, la condición de héroe del Senador Kerry queda fuera de toda duda. Pero lo que mucha gente desconoce es que tras la guerra, como dice John Perazzo, Kerry se convirtió en una figura clave en los primeros años 70 del movimiento anti-Americano y pro-Hanoi personificado en Jane Fonda. De la mano de su amiga Jane, Kerry era uno de los fijos en las manifestaciones pacifistas que con gran abundancia de banderas de Cuba, China, la URSS o Vietnam del Norte organizaba la Fonda, también conocida como Hanoi Jane por su famosa visita a la capital norvietnamita en plena guerra. Y con el fin de que una información tan sustancial no pase inadvertida a los votantes, el pasado día 23 nació una interesantísima web que recoge el corpus del pensamiento político kerryano en materia de política internacional. Progresismo a raudales.

El 31 de enero de 1971, miembros de la organización Veteranos de Vietnam contra la Guerra (VVAW) se reunieron en un hotel de Detroit para documentar los crímenes de guerra en los que habían participado o de los que habían sido testigos durante su estancia en la guerra de Vietnam. En los tres días siguientes, más de 100 veteranos de Vietnam y 16 civiles dieron un angustiado y emotivo testimonio describiendo cientos de atrocidades contra civiles inocentes en Vietnam del Sur, incluyendo violaciones, incendios provocados, torturas, asesinatos y bombardeos de aldeas enteras con napalm. Los testigos declararon que esos actos habían sido cometidos de forma rutinaria, siguiendo órdenes como un asunto de política.

En abril, los de la VVAW tomaron Washington en una protesta de una semana de duración. En la cumbre de la protesta, el portavoz John Kerry fue primero a la Comisión del Senado para Relaciones Exteriores, a acusar a los militares de los Estados Unidos de cometer un número masivo de crímenes de guerra en Vietnam. La aparición lanzó la carrera política de Kerry. Las acusaciones que hizo horrorizaron a la nación, cambiaron el curso de una guerra y mancharon la reputación del ejército americano durante décadas.

La mayor parte del informe que ofrece esta web procede del libro “El Nuevo Soldado”, autorizado por el propio Kerry, que curiosamente resulta inencontrable desde que se inició la actual carrera electoral. Los redactores de la web tuvieron que pagar más de 400 dólares para hacerse con un ejemplar, lo que no resulta extraño si tenemos en cuenta las cosas que Kerry decía en él:

Hubo toda clase de atrocidades y yo diría que sí, sí, yo cometí la misma clase de atrocidades que miles de otros soldados han cometido. Yo tomé parte en el acribillamiento de zonas libres de fuego. He dirigido operaciones de acoso con fuego a discreción. He tomado parte en misiones de búsqueda y destrucción, en el incendio de aldeas. Todo ello es contrario a las leyes de la guerra, todo ello es contrario a la Convención de Ginebra y todo ello ha sido un asunto de política establecido por escrito por el gobierno de los Estados Unidos. Esto lleva a que en algunos weblogs se pregunten, con toda razón, si esto no es una autoinculpación como criminal de guerra en toda regla.

Pero faltaba el colofón a esta impactante catarsis emocional, así que ni corto ni perezoso, Kerry renunció a las medallas obtenidas en la guerra del Vietnam de una forma típicamente progresista: arrojándolas al suelo, junto con otros muchos activistas, en una manifestación masiva frente al Capitolio. Sin embargo, los periodistas advirtieron que “años más tarde, después de su elección para el Senado, las medallas de Kerry habían vuelto a su sitio en la pared de su despacho oficial. Cuando se lo hicieron notar, Kerry admitió que las medallas que tiró al suelo aquel día no eran suyas”.

Como dice Joel Mowbray, los votantes tienen abundantes versiones de Kerry para elegir: el simpatizante comunista que alegremente difamó a América y a millones de soldados americanos, el héroe de guerra demasiado cobarde para tirar al suelo sus propias medallas o el activista anti-bélico impaciente por proclamar que había cometido crímenes de guerra.

Fuente: Libertad Digital

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